«La música ha influido en el ánimo de muchos hombres y mujeres de modo casi increíble, unas veces enardeciendo, estimulando; otras, consolando o calmando. Muchos salmos e himnos han elevado a multitud de creyentes a alturas sublimes de fe, amor y esperanza, sentimientos que, por otra parte, han enriquecido hasta lo inefable la calidad de no pocas composiciones clásicas (...) Podemos afirmar que los cánticos contenidos en las Escrituras son un manantial generoso de bendición. En ellos encuentra el creyente consuelo, renovada esperanza e instrucción relativa a la grandeza de Dios, a sus atributos, a su providencia. De igual modo describe las grandes posibilidades del ser humano; pero también sus debilidades y miserias, todo ello con la esperanza que genera la fe.»
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